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ROMA: EL SECRETO DE LA VICTORIA

Escrito por Celtibera y publicado en la revista Soplos de Magia

Roma: El Secreto de la Victoria

Disciplina, velocidad, constancia y capacidad de adaptación, técnicas de un ejército invencible.

En el norte del foro, en Roma, existía un templo dedicado a Giano, cuya puerta quedaba abierta en tiempos de guerra y se cerraba en tiempos de paz. Hasta finales del Siglo I A. C. cerrar la puerta era un evento improbable, tanto, que el Emperador Augusto se sintió orgulloso por haber sido capaz de cerrarla tres veces durante su reino.
Los romanos, como muchas civilizaciones del pasado y del presente, consideraban la guerra un factor de vital importancia económica y social, daba trabajo a muchas categorías, traía riquezas y mano de obra gratuita (esclavos) al Imperio y lo más importante, reforzaba la identidad de Roma.

La fuerza del ejército no residía en el número, que era siempre bastante limitado respecto al enemigo, sino en la disciplina y el adiestramiento, en las estrategias y el armamento.

Los ciudadanos-soldado

En la época republicana, el ejército era constituido por ciudadanos-soldados, la mayor parte de los cuales eran propietarios de tierras. De esta forma la unidad se componía de personas fieles al Estado que, teniendo que luchar para defender un pedazo de tierra y, por consiguiente, la fuente de sustento de la familia, no tenían miedo a morir o ser heridos en batalla.
No es un caso que, siglos después, cuando el ejército estaba compuesto principalmente por mercenarios y soldados de profesión, el número de desertores en batalla aumentó considerablemente.
La técnica romana del uso de ciudadanos-soldado, fue estudiada por Nicolò Machiavelli (Maquiavelo) quien llegó a la conclusión, en la época renacentista, que el ejército italiano debía inspirarse en el primer modelo romano y que la decadencia política de la Roma renacentista, era debida al mismo error cometido por el Imperio: servirse de mercenarios.

Composición del ejército y símbolos sagrados

El ejército romano se basaba en una unidad fundamental: La Legión, comandada por un tribuno militar, compuestas por 3,000 infantes y 300 caballeros cada una. Al inicio las legiones fueron 2, luego, a causa de la creciente complejidad y duración de las guerras, fueron aumentadas a 4, hasta llegar a un máximo de 70.
La célula fundamental de la legión era la centuria (comandada por un centurión) que, como el nombre lo indica, era constituida por 100 hombres.
Dos centurias constituían un manípulo y tres manípulos una coorte, por un total de 600 hombres.
Las fuerzas de los pueblos aliados constituían las tropas auxiliares, como los infantes galos, los arqueros cretenses, etc.
Además de la dura tarea de soldado, cada legionario tenía una función específica que permitía la total independencia de toda la unidad, sobre todo en territorio enemigo. Entre estos hombres de guerra había topógrafos, ingenieros, arquitectos, cocineros, enfermeros y adeptos al transporte del equipaje, sin olvidar los esclavos encargados de tomar apuntes de guerra.
La unidad legionaria era clasificada por un número progresivo, por ejemplo la Duodécima y además con un nombre de batalla como por ejemplo "Fulminata", que es la más conocida, cuyos escudos son utilizados en todas las películas sobre Roma.
Algo que no podía faltar en ninguna legión, y que representaba el honor y la identidad de la misma, eran los símbolos sagrados: el águila era la "bandera" transportada por un soldado (signifer) que vestía una piel de oso o de león; además cada legión veneraba un propio símbolo zoomorfo (un jabalí, un toro...). Perder uno de estos símbolos era una de las peores cosas que podía suceder, un deshonor y una previsión de mal augurio.
Cuando en el año 9 D. C, después de perder una batalla contra los germanos, dos legiones perdieron sus símbolos los romanos organizaron una campana militar con la única finalidad de recuperarlos!

La pérdida de identidad

En los últimos siglos del Imperio, el ejército romano no brilló ciertamente por su disciplina férrea y obediencia, ya que el mismo era compuesto por muchos soldados de sangre de bárbaro, como galos y germanos, los cuales eran más numerosos que los mismos romanos.
Cuando las unidades legionarias comenzaron a ser menos autosuficientes y menos ordenadas Roma comenzó a excavar su propia tumba.
En el Siglo II D. C. la composición étnica del Imperio contaba con solo el 23% de itálicos, número en constante disminución hasta llegar al 2% al final del Siglo III.
El resto de los soldados provenía, la mayor parte, del norte: 14% de la Galia, 7% de las tierras germánicas y 5% de la Hispania; otro aporte importante venía desde la Siria, con un 14%, y del Egipto, con el 3% de soldados.

La carrera política

Para acceder a la carrera política se debía obligatoriamente prestar servicio en el ejército y viceversa, todos los altos cargos militares (como el comandante de una legión o una armada) eran concedidos sólo a quienes hubieran cubierto cargos políticos importantes. De este modo los personajes que ocupaban altos cargos en el ejército eran grandes hombres políticos y los políticos eran también grandes soldados; este es otro de los motivos por los cuales la Ciudad Eterna supo conquistar el mundo.

El legionario en el tiempo

Durante mil años de historia el soldado romano cambió muchas veces su uniforme y sus armas, adquiriendo y copiando con una habilidad fuera de lo común las mejores armas de sus enemigos.

Época de los reyes VII-VI A. C - Durante la monarquía copiaron el yelmo etrusco, el pectoral de bronce. El uso de la lanza testimonia la adopción de la táctica de los oplitas griegos que llegó a Roma a través de la Magna Grecia. El calzado utilizado era de cuero y la túnica rellenada con lana.

República Tardía I A. C - El legionario se protegía con una túnica de hierro con hombros recubiertos de cuero hervido y pintado, que derivaba de los galos. La corta espada utilizada siglos atrás, derivada del pueblo etrusco, fue sustituida con el gladio español capaz de herir sea con el tallo, sea con la punta. El escudo, cuando no lo utilizaban, era cubierto con un forro de cuero.
Durante las campañas militares en las regiones más frías se protegían las piernas con medias de lana.

Primer Imperio I-III D. C - Adoptaron un escudo rectangular, derivado del escudo de los gladiadores pero más pequeño, además adoptaron un yelmo cerrado que protegía las orejas pero impedía una correcta visión de ambos lados.
Imperio Tardío IV-V D. C - Para enfrentar a la caballería germánica, adoptaron una armadura ligera y un yelmo abierto que permitía una visual más amplia. De los enemigos germanos copiaron el escudo redondo de madera y una larga espada de hierro (spatha).

El sueldo de los soldados

Durante el Siglo I D. C el sueldo anual de los legionarios simples era de 450 dineros (casi 3,000 euros) y solo después de 20 años de servicio podían jubilarse y ganar 3,000 dineros al año (18,000 euros).
Los centuriones llegaban a ganar hasta 7,500 dineros (45,000 euros) y los prefectos de campo hasta 5 veces más.

Centuriones modernos

El símbolo de Italia, sin duda alguna, es el centurión. Los vemos en los partidos de fútbol, en las competiciones de atletismo (en la maratón de Roma, un americano se volvió famoso porque cada año compite vestido de centurión!), en las olimpiadas y en las fiestas de disfraces. Quienes han tenido el placer de visitar la Ciudad Eterna seguramente han visto que en muchos de sus ángulos y plazas unos simpáticos centuriones que se dejan fotografiar por los turistas por una "módica" suma. La verdad es que, aun en tiempos modernos, ser un centurión es una actividad en la cual se puede ganar mucho dinero y así nació en la Roma moderna la que todos llaman "procesión centurión".
La comunidad ha debido instaurar algunas reglas para evitar que los turistas sean estafados: quien quiere desempeñar la profesión debe, en primer lugar, superar un examen de cultura general, saber hablar inglés al menos a un nivel básico y ser buen “relaciones públicas”. Además es obligatorio que los uniformes sean fieles a la antigua Roma, por lo tanto esta prohibido utilizar disfraces de plástico (a excepción de las espadas). Quien supera el examen tendrá un carné de identidad con nombre y fotografía donde esta escrita la frase "monumento di lavoro" y si alguno es sorprendido pidiendo cifras mayores a las establecidas por la comunidad y no emite una factura, perderá el puesto de trabajo.

Así que ya saben...si no tienen carné no son auténticos centuriones! Atención porque podría tratarse de galos infiltrados!

Fuentes: Revista Focus Extra , numero special autunno 2002- L'Impero Romano e Noi.
Dispense Storia d'Italia (Instituto Jean Jacques Rousseau dell'anno 2005-06)

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