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El
dragón es uno de los seres fantásticos
que más pasiones despierta. Caracterizado
como una criatura de enorme poder, grande y fiera,
es representante de la fuerza y de lo poderoso.
Los dragones de Europa arrojaban fuego, envenenaban
las aguas y raptaban doncellas (o esto era lo
que se decía de ellos para que se les considerara
un enemigo común con el que todos desearan
acabar). Se les culpaba de plagas y de épocas
de carestía de alimentos, ya que no sólo
podían atacar físicamente, sino
que dominaban los secretos de la magia con la
que podían maldecir o hechizar sin que
la gente lo notaran.
Muchas
veces encontramos figuras de dragones en los emblemas
de distintos ejércitos. Era una creencia
extendida la de que el animal que acompañaba
en la batalla prestaba su fuerza a los hombres
que luchaban en ella, y esta es sin duda la razón
por la que esa imagen es tan común. Los
soldados persas iban a la guerra llevando delante
de sus ejércitos grandes figuras de dragones
con las que pretendían espantar a sus enemigos.
Los romanos ya pintaban dragones en sus estandartes
y los guerreros de las tierras escandinavas, antiguamente
tenían como costumbre adornar las proas
de sus barcos -a los que llamaban drakar- con
cabezas de dragones, que les prestarían
su fuerza en caso de combate.
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